martes, 4 de octubre de 2011
¿La voz de su amo?
La voz dice mucho de nosotros. Nos delata, nos define, nos sitúa. A veces nos favorece. A veces nos afea. La voz tiene su importancia. Nos conmueve cuando la escuchamos de lejos y nos acerca. Tan agradables como estridentes. Tan desapercibidas como inolvidables.
Me gusta el mundo de las voces y me encanta la magia que tiene el doblaje. Vale que somos el país de tontitos que menos películas vemos en versión original pero, ¿qué más da si además de ver la peli podemos jugar a adivinar a qué otros personajes ha doblado el actor de doblaje en cuestión?
Si te pones a ver El Club de la Lucha y cierras los ojos, te descojonas. Porque resulta que el chulangano de Brad Pitt y el pobrecito Edward Norton se transforman en Joey Tribbiani y Ross Geller. Como si estuvieran en el mismo Central Perk, ahí sentadicos, pero hablando de cómo hacer jabones y dinamita casera. Una versión 2.0. de Friends. Me encanta. Y si rizas el rizo, y tienes buen oído, te puedes dar cuenta que Brad Pitt es en realidad también Ewan McGregor. Qué desfase.
Kike tiene un amigo, que tiene un amigo, que conoce al que dobla a Samuel L. Jackson. Un día le conocí en un cumpleaños y me contaba que siempre que tiene ocasión, le pide que le recite el mítico pasaje de Pulp Fiction: "...y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destuir a mis hermanos...!!" ¿Quién no se lo pediría? También me contó que un día, iba con él en el metro y se encontraron a otro señor. Se pusieron a hablar y el amigo del amigo de Kike decía: "...y quién coño es este, y como me suena..." Resulta que era Samuel L. Jackson hablando con Morgan Freeman. Compañeros de trabajo. Que si lo piensas, yo diría que también es Gandalf el de los anillos...
En fin, que no tiene fin. Así, de las cosas que más pena que me han dado últimamente es la desaparición de la voz de Monica Geller (que, por cierto, ahora la estoy escuchando en una chica de Muerte entre las Flores que está viendo Kike mientras escribo). Es una rabia ver Scream 4 y darse cuenta de que la voz de Courteney Cox ya no es la que era. Bueno, es una rabia ver Scream 4 en cualquier caso aunque a mi no me pareció mal. Pero, al menos siempre me quedará levantar el teléfono de mi oficina y escuchar de nuevo a Monica mientras me dice: "No tiene mensajes".
PS: www.eldoblaje.com.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Hija, te presento a tu novio
La tele es un cajón del demonio que poco más aporta a nuestras vidas más que dejarnos atontaos. Una vez dicho esto, qué risa es ver la tele y reír y reír con el encefalograma plano.
Ayer pasamos un día de absoluta paz y amor en compañía. Tuvimos a un querido invitado, al que cuidamos con cariño, pollo empanado y sesión de horas de absurdeces de la MTV. Qué buen rato pasamos. Cuánto adolescente suelto hay y cuántas cosas tienen que contar.
Me hace mucha gracia el programa ese en el que los padres están hasta el **ñ* del novio o la novia de sus hijos. Suele ser un novio o una novia que se tira eructos y pedos, que insulta a sus parejas y a los padres de ésta, que hace ruidos raros al reír o que repite una y otra vez al hablar "mother fucker", por poner un ejemplo fácil. Unas joyas persas. Los padres, para quitarselos de encima, hacen un pequeño casting y llevan a casa lo mejorcito que encuentran, para organizar una cita y que el hijo o la hija en cuestión decida con quién se queda. La mayoría termina con la joya persa que ya tenían en casa, pero es sorprendente la de veces que da un giro la historia y eligen al nuevo novio. Ahí, arriesgándose a muerte y metiendo a otra joyita, pero desconocida, que es lo que suele pasar. Es genial.
Pero mi preferido, sin duda, es el de Cita con Mamá. Ese sí que mola. Un chico quiere encontrar novieta y las candidatas mandan a sus madres para que tengan una cita con el chico. El chico no conoce a las candidatas. Las candidatas no conocen al chico. Y el chico elige a una ganadora dependiendo de la cita que haya tenido con la madre de la niña. Un caos.
Me imagino a mi madre participando en esto y me meo toa. Seguro que tendría muchas posibilidades de ganar porque es estupenda. No es muy pechugona, eso sí. Y ahí perderíamos puntos ya que es básicamente con lo que se quedan los chicos de la MTV, con que la genética vaya a su favor, pero ganaríamos puntos por otro lado, seguro. Me la imagino diciendo de mi que tengo pómulos fantásticos pero que tengo mal genio. Madre mia, madre mia, es que la estoy viendo. Seguro que se reiría mogollón y lo pasaría pipa, que a mi madre le encanta una buena juerga, y al despedirse diría, con cierta solemnidad, que debería elegirme a mi, que merezco mucho la pena. Que no sólo Cari Lapique sabe presumir de hijas...
Imagínate si te toca esta, que seguro que es muy maja y todo, pero en lo que se refiere a sacar castañas del fuego, como que poco.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Un Bloody Mary, por favor
Hace unos días leí una noticia estremecedora a la par que absurda. Un anciano había sido violentamente atacado por una chica, asistente en una clínica dental, jajaja, que se lanzó literalmente a su cuello al grito vikingo de "soy una vampiresa y te voy a devoraaaaar." Imagínate qué susto. Después de los sudores fríos, el forcejeo y el dolor de los mordiscos, que algo pilló la tía cabrona, el pobre señor escapó dejando atrás a una loca medio en bolas, empapada de su sangre, correteando calle abajo. Qué imagen más underground, qué fuerte todo y qué risas se va a echar el viejo con sus nietos adolescentes cuando se recupere del todo y haya pasado un tiempo.
¿Qué le pasa a la peña en Estados Unidos? Porque, por supuesto, estas cosas sólo ocurren en Estados Unidos, gracias a dios por otro lado.
Tengo dos teorías:
1.) La primera, mucho más fiable y mucho más aburrida:
Los americanos, sencillamente, son más creativos y peliculeros a la hora de que se les vaya la olla. Como en todo, lo hacen a lo grande, con espectáculo. Quizás la alimentación alta en grasas les hace propensos a este tipo de cosas sin sentido por obstrucción de arterias y falta de riego sanguíneo en el lóbulo occipital superior, donde se crean todas las fantasías asesinas, como sabe todo el mundo.
2.) La segunda, solo apta para los que quieren saber la verdad:
Nos están ocultando información. En el fondo de todo esto se está cociendo un inframundo lleno de vampiros, hombres lobos, zombies, espectros del bosque, incluso unicornios que nos esconden porque, de momento, no saben ni cómo cogerlo por los cuernos. Un algo en plan Area 55 donde tienen encerrados a todo tipo de monstruos del día y de la noche. Un algo que antes o después saldrá a la luz y que nos hará compartir mesa en el Vips y Bloody Marys en el Boadas. Porque todos somos seres creados con el mismo amor, como bien se sabe en Crepúsculo...
Tiempo al tiempo y atentos a las noticias.
sábado, 17 de septiembre de 2011
En cuestión de minutos
Hay que pensarlo poco, porque si lo piensas mucho quizás te vuelves loco, pero hay que pensarlo al menos un poco, de vez en cuando. La vida puede cambiar de rumbo en cuestión de segundos. Digamos minutos para ser quizás más exactos.
En minutos uno puede tener una conversación desastrosa que rompa el vinculo entre personas u otra maravillosa que las una para el resto de los días. En minutos se pueden ganar millones jugando a los dados y dedicarte a vivir en la playa y ser rubio el resto de los días. En minutos se enciende la vida o se apaga. En minutos pasan cosas, buenas y malas.
Comparto tiempo de cigarro con uno de los jefes de retoque de imágenes. Tiene, digamos, unos 55 años. Enciende su purito con la mano izquierda y lo sujeta con lo que le queda de la derecha. Nos conocemos desde el principio, pero nunca he sabido qué le pasó. El otro día le pregunté por su hijo y me contó que estaba trabajando en una imprenta "aquí al lado, donde tuve el accidente". Me contó que era verano, "el 26 de agosto", que estaba cubriendo un puesto que no le correspondía porque los demás estaban de vacaciones. Llevaba toda la mañana cortando los pliegos de las revistas y, en una de esas, la guillotina le alcanzó la mano. Un segundo de error, un minuto atrapado, toda la vida del revés. "Y no quedaba nada para irnos a comer..."
Han pasado 25 años de esto. Más de un año de baja y un número mucho mayor de operaciones. El otro día me lo contaba melancólico, con resignación, pero también con espíritu positivo porque "si no, no hubiera aprendido este nuevo oficio que me gusta tanto". Aun, el cabrón, tiene humor para contar que tiene un implante, para poder hacer pinza, "que no huele a queso aunque sea de un dedo del pie". Te cagas.
En minutos se puede escuchar una historia que te haga valorar la suerte que tienes y te recuerde que la vida cambia en cuestión de minutos. Así que..., a disfrutarla.
En minutos uno puede tener una conversación desastrosa que rompa el vinculo entre personas u otra maravillosa que las una para el resto de los días. En minutos se pueden ganar millones jugando a los dados y dedicarte a vivir en la playa y ser rubio el resto de los días. En minutos se enciende la vida o se apaga. En minutos pasan cosas, buenas y malas.
Comparto tiempo de cigarro con uno de los jefes de retoque de imágenes. Tiene, digamos, unos 55 años. Enciende su purito con la mano izquierda y lo sujeta con lo que le queda de la derecha. Nos conocemos desde el principio, pero nunca he sabido qué le pasó. El otro día le pregunté por su hijo y me contó que estaba trabajando en una imprenta "aquí al lado, donde tuve el accidente". Me contó que era verano, "el 26 de agosto", que estaba cubriendo un puesto que no le correspondía porque los demás estaban de vacaciones. Llevaba toda la mañana cortando los pliegos de las revistas y, en una de esas, la guillotina le alcanzó la mano. Un segundo de error, un minuto atrapado, toda la vida del revés. "Y no quedaba nada para irnos a comer..."
Han pasado 25 años de esto. Más de un año de baja y un número mucho mayor de operaciones. El otro día me lo contaba melancólico, con resignación, pero también con espíritu positivo porque "si no, no hubiera aprendido este nuevo oficio que me gusta tanto". Aun, el cabrón, tiene humor para contar que tiene un implante, para poder hacer pinza, "que no huele a queso aunque sea de un dedo del pie". Te cagas.
En minutos se puede escuchar una historia que te haga valorar la suerte que tienes y te recuerde que la vida cambia en cuestión de minutos. Así que..., a disfrutarla.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Mamá nos complica la vida
Nuestros hits, sin contar las Spielberg, claro, eran Siete Novias para Siete Hermanos, Un Cadáver a los Postres (esta a Marina también le chiflaba y nos descojonábamos juntas) y Mamá nos complica la vida.
Recuerdo cuando vivíamos en la otra casa, la moqueta verde y las faldas de la mesa con tréboles. Debíamos ser bien pequeñas y sería de las primeras veces que nos dejaban solas por la noche. Mi madre estaba ya arreglada para ir a cenar, guapísima, pero antes de salir nos aconsejó, bastante entusiasmada, que viéramos la peli que iban a poner esa noche, en la 1 o en la 2. Mamá nos complica la vida, de Vicente Minelli. Arriesgado título para recomendar a unas hijas.
Hoy por hoy sigue siendo una de mis películas favoritas. Porque me llena de recuerdos muy agradables y porque me sigue haciendo reir como una pava. Me encanta la casa, me encantan los vestidos de la madre, me encanta lo finos que son todos, me encantan Lord y Lady Broadbent y Señorita Jane Broadbent. Me descojono con Rex Harrison y Kay Kendall. Y me he muerto de la pena al saber hoy que, a raíz de esta película, Rex Harrison y Kay Kendall se enamoraron. Se casaron y a los dos años ella murió de leucemia con solo 33 años.
Él ya estaba casado con otra mujer. Y pactó con ella este tiempo para poder cuidar de la actriz y acompañarla hasta el final.
viernes, 26 de agosto de 2011
De las canas de Hopkins y otras historias
Hay algo que mueve el mundo que va más allá de las coincidencias de la vida, de los encuentros fortuitos, curiosos y sorprendentes, de la casualidad. Hay algo que mueve el mundo, sin saber muy bien por qué ni con qué fin, pero que pone los pelos de punta. Es complicado de entender pero ahí está. Quizás sean gracietas para que la vida sea más chispeante, sin más.
Se llama Sincronicidad y para mí es demasiado etéreo para explicarlo y comprenderlo, ni al nivel de un niño de 5 años, y aun estando en esta nube del nirvana a la que me lleva el Miolastan. El término lo eligió Carl Gustav Jung, un psicólogo y psiquiatra suizo, después de pensarlo mucho y de de flipar bastante con lo que le pasó. Posteriormente otros muchos han seguido intentando dar una explicación ¿científica? al tema en cuestión. Tiene su chicha.
El señor Jung estaba escuchando un sueño de una paciente. Un sueño en el que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella se lo explicaba, él estaba sentado de espaldas a una ventana cerrada. De repente, sintió un ruido como si alguien golpeara el cristal, se dio media vuelta y vio un insecto que chocaba contra la ventana. Lo cazó y vio, acojonaíto, que era lo más parecido que puede existir en estas tierras de dios a un escarabajo de oro. Una Cetonia Aurata o Cetonia Común, para quien le pueda interesar.
Anthony Hopkins, el actor, también lo flipó en su día. Hace años le propusieron un papel en una película que estaba basada en el libro de George Feifer, La chica de Petrovka. Para enterarse un poco de que iba el tema, quiso comprar el libro. Pero en todas las librerías que buscó, no lo encontró. Disgustado, se sentó en un banco, yo que sé, digamos que a atarse un zapato, y vio un libro usado que to-to-to-to-to-to-ma, era The Girl from Petrovka. Un ejemplar que contenía notas personales, apuntes y demás. Por supuesto, se lo quedo. Cuando comenzó el rodaje, tuvo la oportunidad de conocer al escritor quien, sin ningún porqué, sacó el tema de que, fíjaté tu, había perdido su ejemplar lleno de anotaciones hacía un par de años. Ese fue el momento en el que a Hopkins se le quedó el pelo blanco, esa cara se susto, y le devolvió su libro al autor.
Hace tiempo, mucho tiempo, nos hicimos con unos amigos un regalo del amigo invisible. El hazar quiso que Carlos regalara a Dani. Compró un libro que sería algo así parecido a "Cómo hacer mi primer corto de cine" que venía acompañado con un dvd, imagino, de demostración, porque a Dani le gustaban esas cosas. El flipe vino cuando los dos amigos, mano a mano, pusieron el dvd. Y se vieron a ellos mismos. Ellos mismos, ellos dos, salían en el Corto que los del libro habían grabado en el Parque de El Retiro mientras ellos dos paseaban tan contentos por delante de la cámara años atrás. Solo ellos dos.
Hoy, hablando de esto con mi compañero Edu, su ordenador le ha dicho que ya iba siendo hora de sincronizar los colores de la pantalla. Es más cutre, pero Sincronicidad al fin y al cabo, ¿no?
domingo, 21 de agosto de 2011
Y que no acaben nunca
Esta noche he soñado que me ofrecían un trabajo en Nueva York. La cosa, aunque era precipitada e inesperada, pintaba bien. Pintaba bien hasta que he me despertado y he pensado que no quiero trabajar en el sitio más molón de Nueva York, ni en una tienda de chuches, ni en ningún lado. Quiero seguir leyendo hasta que me cubra la sombra todo el cuerpo, quiero seguir disfrazando a mis sobrinos, verles bailar y cantar "estoy loca con mi Kike" y ponerles el pijama. Quiero tumbarme con una manta de algodón la siesta. Quiero ver más gallinas y conseguir ver un zorro. Quiero seguir viendo cómo familias enteras sucumben ante las olas y salen con el culo y las tetas al aire y el pelo revuelto. Quiero escuchar música al sol. Quiero reírme con viejos amigos. Quiero terminar la partida de cartas con mis hermanas. Quiero que Kike vea por fin una estrella fugaz y que no se peine nunca. Quiero beberme una cerveza de la neverita llena de hielos y agua de mar. Incluso quiero seguir con el pelo tan quemado como el de Sonia Monroy. Quiero seguir en la Isla.
No quiero buscar las llaves de casa ni ponerme crema. No quiero mirar mi correo ni el facebook. No quiero encender la tele. No quiero bajar y conseguir en cualquier tienda suavizante para la lavadora. No quiero poner la lavadora. No quiero vestirme de persona. No quiero cortar una cebolla. No quiero tener 6 botellas de agua en la nevera, ni que sea grande, ni que tenga imanes. No quiero hacer la cama. No quiero enterarme de que Jesús del Pozo ha muerto ni de que el Papa dice que no se puede seguir a Jesús fuera de la Iglesia. No quiero asomarme para ver a los pájaros dormir y que no estén. No quiero ir mañana a trabajar. No quiero que se acaben los días de descanso y libertad.
Quizás en unos días, quizás incluso horas, se me quita la tontería. Y quiero darme una vuelta por la ciudad. O ir a Fnac a comprar algún libro-disco-peli bueno. O entrar en un McDonals, que siempre anima. O pintar con flores, cangrejos o estrellas las piedras que he cogido de la playa. O ver quién está más moreno. O que llegue el Otoño y que se me quite esta cara de india que llevo. O encontrarme de nuevo con Kike en casa y jugar a que seguimos de vacaciones que, al fin y al cabo, uno se puede montar las vacaciones de muchas maneras. Y que no acaben nunca.
Venga. Animarsen!
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