sábado, 25 de agosto de 2012

El hombre del espacio


-Hoy te voy a contar un cuento diferente -le digo, pero primero me quedo inmóvil, escuchando para asegurarme de que Miss Leefolt no ha vuelto a casa porque se haya olvidado algo. No hay moros en la costa-. Hoy voy a contarte el cuento del hombre del espacio.
Le encantan las historias de extraterrestres. Su programa preferido de la tele es Mi marciano favorito. Saco las antenas que hice anoche con papel de aluminio y nos las ponemos. Una para ella, otra para mí. Parecemos un par de locas con esos chismes en la cabeza.
-Érase una vez un marciano sabio que bajó a la Tierra para enseñarnos algunas cosas -empiezo el cuento.
-¿Un marciano? ¿Cómo de grande?
-Oh, pues como de un metro noventa.
-¿Cómo se llama?
-Marciano Luther King.
Contiene la respiración sorprendida y apoya la cabeza en mi hombro. Siento su corazoncito de tres años latiendo contra mi pecho, aleteando como una mariposa sobre mi blanco uniforme.
-Era un marciano muy simpático, el señor King. Se parecía a nosotros: nariz, boca, pelo en la cabeza... Pero a veces la gente se reía de él y, bueno, había algunos que era muy malos con él.
Puedo crearme muchos problemas por contarle estas historias, sobre todo como se entere Mister Leefolt. Pero Mae Mobley sabe que son nuestros "cuentos secretos".
-¿Por qué, Aibi? ¿Por qué se portaban tan mal con él? -me pregunta.
-Porque era verde.

Aibileen. Capítulo 23. Criadas y Señoras. Kathryn Stockett.

viernes, 22 de junio de 2012

El olor de las caléndulas


Desde que llegó el MP3 mi vida ha ido demasiado deprisa. Qué coño. Desde que llegó el CD y la oportunidad de grabar variaditos. Pasar canción por canción, saltar de una a otra creando un ansia insustancial basado únicamente en el cuál será la siguiente canción. Sin más. A mi tanta prisa me ha jodido la vida un poco durante un tiempo.

El avance de cinta a CD está bien. No hace falta ser una retro moñas y añorar lo guay que era rebobinar las cintas con un boli Bic. Porque de guay no tenía nada. Y las cintas se enrollaban, y se daba la vuelta al celofán o lo que sea eso y era todo una mierda y el mundo tiene que evolucionar. Pero para mi gusto nos hemos pasado. No puedo más, me bajo de la noria.

Hace días me apunté a un curso de cerámica. De cerámica japonesa. Japonesa básicamente porque las clases las da una japonesa, porque la peña en realidad va a hacer con la arcilla lo que le sale de los huevos y estar en paz, que es de lo que se trata. Porque dudo que los botijos sean de origen nipón. Y la peña hace botijos y ceniceros y flamencas si se lo proponen. Pero estamos todos en paz. Porque es cerámica japonesa y los japoneses que están bien de la cabeza, transmiten tranquilidad y enseñan a vivir en paz. Porque son respetuosos. Y el respeto da mucha paz interior. Darlo y recibirlo.

Está guay.

Desde que voy, que han sido tres veces en tres semanas, estoy como la seda importada de Japón. Seis horas de mi vida que me han recordado que la vida tiene muchas horas que disfrutar, que vivir despacio y a gusto. Cortándote el pelo hablando de las patatas gallegas, comprando flores, fumándote un cigarro con el florista que se da cuenta de que te has cortado el pelo y escuchando al paki de abajo de casa cómo recordaba su jardín y el olor tan fuerte que tienen las caléndulas.

lunes, 21 de mayo de 2012

La Comunidad

Naces donde te toca y vives donde te mandan tus padres hasta que tienes un sueldo que te permite independizarte y elegir dónde quieres vivir. Trillas los buscadores de casas que conoces y empiezas a conocer otros nuevos, porque el mundo inmobiliario da para mucho sobretodo por las mierdas que la peña intenta alquilar que no te dejan de sorprender. Cliqueas, cliqueas, juegas a las casitas, preguntas por cosas que antes no conocías ni te interesaban ni sabías cómo se encendían y recuerdas con nostalgia lo cómodo y a gustito que se vive donde te mandaban tus padres. Pero lo afrontas con valor, con ilusión, porque vivir dónde quieres vivir tiene su magia.

Creo que recuerdo a todos mis vecinos que tuve desde que nací.
Los tres viejitos, María, Ana y yo diría que Andrés que me cogían en brazos y me daban besos en las mejillas cuando lloraba bromeando con lo saladas que estaban mis lágrimas.
La pareja sin hijos y con una madre/suegra que me daba terror. Por fea, la pobre era amable en la medida que podía pero me daba terror su aspecto.
La italiana y el español con los que jugaba a clavar en sus vigas de madera los pinchos que lanzábamos con una cerbatana que se habían traído de no se dónde además de intentar tocar el Didgeridoo mientras nos descojonábamos vivos sin conocernos de nada más que de ésto.
Los hobbits, que me arreglaban la luz cada vez que saltaba el diferencial como si fuera Blancanieves en esa casa de techos tan bajitos y que de vez en cuando oía que pillaban...
Lola, 60 años en La Barceloneta y un perfecto acento andaluz.
Y los desfasados, que de estos y de sus madres y muertos me acuerdo de vez en cuando, a cualquier hora del día, que no funcionan con un horario concreto.

Cada uno de ellos ha formado parte de mi vida, con mayor o menor intensidad, con más o menos pena o gloria. Cada uno de ellos ha elegido la casa gemela a la mía.

Hoy les dedico esta canción a los de arriba a todo trapo, que parece que les gusta mucho o que nos quieren hacer llegar este mensaje a toda la comunidad...





lunes, 7 de mayo de 2012

Shumi-Shumis-Shooou-Shumi-Shou-Shumiyey-ye


Los hombres somos seres adaptables e inteligentes, aunque no a partes iguales ni en todos los casos.
Los hombres somos capaces de sacar fuerzas del ojete para conseguir lo que nos proponemos. 
Sentimos tristeza, como otros muchos animales, pero tenemos la consciencia que hace que esa tristeza pueda llegar a ser bastante jodida a veces. 
Como somos adaptables, inteligentes, fuertes y conscientes, superamos la tristeza. 
Salimos de las cosas difíciles triunfantes.¡Claro que sí!

A cada uno le duele lo que le duele y le da pena lo que le da pena, pero todos pillamos en algún momento. Sobretodo pillamos los que no estamos hechos de piedra y somos un poco Teatreros y Conchavelasquianos, para qué lo vamos a negar. Aun más si echamos de menos a nuestros padres, hermanos y amigos.

Hasta llegar a volver a estar contentos, pasamos por distintos estadios. El lloro, la rabia, la pereza, la sonrisa, la risa y la ducha. Así conseguimos la alegría que en ocasiones viene con subidón. En esta ocasión, a mi el subidón del bajón que me ha dado volver de Estambul se me ha materializado en esta canción. A pesar del bajón que me da el shumishumishoooumishumishooushumiyey-ye de Pitbull.





lunes, 16 de abril de 2012

Lo importante que es bailar


No sé qué está pasando pero últimamente no paro de recibir malas y tristes noticias (menos esta tarde que una querida amiga me ha dado una preciosa y llena de amor). Las parejas se están rompiendo. Las personas se dejan de querer. Se cansan en vez de casarse. Y lo siento mucho. Me da mucha pena porque vamos a dejar un mundo, para los que vengan, lleno de viejos cascarrabias. No hay nada más chungo y desolador que los viejos cascarrabias insoportables. Con lo monas y agradables que son las abuelas y los abuelos que tienen el corazón contento. Mucho cuidar el medioambiente, mucho reciclar el cristal, pero si no hay amor en el mundo, ¿para qué les va a servir tanto verdor?

Ayer fuimos al cine. Fue un gusto porque hacía un huevo. Vimos Intocable. Me ayudó a recordar lo importante que es bailar. Bailar pone el corazón contento. El corazón contento bombea más amor y el amor hace que todos nos queramos más, que estemos más simpáticos, que tengamos mejor cara, que liguemos más. El amor trae más amor de la misma manera, por desgracia, que el dinero llama al dinero. Pero el amor llena mucho más que cualquier cosa material. Por mucho que nos empeñemos en agarrarnos a las cosas.

Hay una escena de la película que me encantaría enseñar pero que me parece una putada sacarla de contexto. Hay que verla en todo su esplendor. Y sentir que la vida son dos días, que tenemos todo funcionando para que esos dos días sean de fiesta. Dejémonos de quejarnos de que el fin de semana sólo es sábado y domingo y bailemos un poco más. Que pone el corazón contento y el corazón contento no trae más que alegrías.

Os dejo remix de bailes de películas. Películas que no tienen nada que ver una con la otra pero que mezcladas quedan genial. Como en las parejas de baile. Como muchas parejas que se están separando. Que bailar es difícil pero si entrenas, ahí estás dándolo todo.



lunes, 19 de marzo de 2012

Para los que quieren a sus padres



Este mediodía he recibido una llamada que me ha alegrado el alma y me ha llenado la sonrisa de luz. Hoy precisamente que tenía el día gris por ser lunes plus Día del Padre. Por mucho que se empeñen en que estas cosas son inventos de El Corte Inglés y blablabla, a una se le encoge el corazón de pena por no poder dar en mano una corbata a su añorado papá.


La llamada ha sido de mi Gema preciosa. Me ha preguntado si me podía contar una cosa a lo que le he contestado un "por supuesto, querida" preparándome para algún escarceo de su Málaga querida, pero vaya corte me he llevado.


Hoy Gema ha estado hablando con su padre. Le ha contado todas las cosas que le han ido pasando, que le preocupan, que le alegran la vida. Imagino que se habrá ahorrado detalles que todas ocultamos a nuestros padres, que no les gusta que llevemos la falda tan corta, sin caer en que en realidad, desde donde está él ahora, lo puede ver casi todo. Ilusa. 
Ha pasado una hora y media sentada frente al mar, cerca de dónde dejaron sus cenizas hace ya algunos años, donde a él le hacía ilusión descansar. Y donde también le acompañaron en su despedida con unos claveles rojos y blancos, los que más le gustaron en la tierra. Cuando Gema ha dicho un "hasta Semana Santa", que volverá, y se ha metido el ipod en el bolsillo, la siguiente ola le ha dejado un clavel blanco a tres metros de sus pies.


Gracias, pequeña mia, por contarme esta historia tan bonita y tan llena de amor. Me has hecho muy feliz. Y gracias también por darme el permiso, con orgullo y encantada (como tu dices), de compartirla con quien quiera leernos.
Gracias, Emilio, por seguir cuidando a tu hija como siempre prometiste que harías.


Os quiero mucho a los dos.

martes, 21 de febrero de 2012

Por los estudiantes de Valencia y otras muchas historias más...



Los que me conocen bien de sobra saben el profundo y, hasta ahora, irracional odio que profeso a la policía. No puedo con ellos. Así, en general. Lo digo con bastante calma y tristeza. Me ponen negra desde que hace mucho tiempo, pero mucho, mi padre me aconsejó en una ocasión que no me fiara. Él posiblemente ni se acuerde, pero a mi se me quedó grabado y desde entonces, después de fijarme y confirmar que tenía razón, no he dejado de desconfiar en ellos, aunque a veces me equivoque. Y yo que, en mi inocencia, pensaba que eran los buenos...


Sé que, como en todo, hay buenos y malos. Vale. Pero me parece tan penoso que en una profesión como esta haya malos... Tantos malos. Malos de corazón. Cosa que, lógicamente, afecta mucho más si eres policía que si eres panadero.


Cuando estaba en la carrera andaba una tarde por El Retiro haciendo unas fotos para un trabajo. A mi lado se puso un coche patrulla y el policía que iba dentro (sin compañero) me dijo que me metiera en el coche. Sin más, metete en el coche. Por supuesto le dije que ni de coña. Me insistió y le volví a decir que ni de coña me iba a meter yo en el coche de nadie, hombre. Cambió el tono, me dijo que un tío me estaba siguiendo y que como no me subiera en el coche, a lo mejor me quedaba sin cámara y sin algo más... Me acojonó, acabé metiendome en el coche patrulla con él, por supuesto, y tuvimos una conversación de lo más reveladora. "Has hecho bien en no fiarte a la primera ni a la segunda. Porque no siempre son buenos los policías. Yo te acompaño, sacas tus fotos y te vuelvo a dejar en la entrada." Y realmente así fue. Me acompañó, saqué mis fotos y me devolvió a la entrada.


Hoy por hoy sigo pensando en este momento y no sé si realmente fue del todo sincero. No sé si quiso ayudarme o pasarse un rato con una tía prieta, que en esas épocas yo estaba muy prieta (jaja). No sé si quiso meterme miedo, sentir su poder, y llevarme a lo más profundo del parque. No sé si tuve la suerte de que mi ángel de la guarda hablara con el suyo y le convenciera de que sería mejor para todos dejarme vivir en paz. 


Posiblemente todo esto se reduce a lo más sencillo: un buen hombre que me quiso ayudar. Así lo quiero recordar aunque no puedo evitar que me sigua mordiendo la duda.


A parte de esta anécdota, tengo otras muy jugosas de policías a punto de partirme la cara en las fiestas del 2 de Mayo en Malasaña, en manifestaciones en las que ni si quiera participaba en Barcelona y de llamadas al telefonillo obligándome a abrirles la puerta. Perdona, pero tu uniforme no te da paso a mi casa. Si quieres algo, ya bajo yo y me dices qué necesitas en el portal, por favor.


Siento muchísima pena por aquellos policías buenos que ahora están viviendo la vergüenza más supina de su profesión. Siento muchísima rabia por todos aquellos estudiantes que esta noche han dormido calientes y llenos de terror.