viernes, 5 de septiembre de 2014
Balram Halwai, alias Munna...
Verá. El primer día de colegio, el maestro ponía a todos los chicos en fila y los hacía pasar por su escritorio para anotar los nombres en su registro. Cuando le dije el mío, me miró boquiabierto:
-¿Munna? Eso no es un nombre.
Tenía razón: sólo significa "chico".
-Es el único que tengo, señor -dije.
Era cierto. Nunca me habían puesto nombre.
-¿Tu madre no te puso ninguno?
-Está muy enferma, señor. Se pasa el día en la cama escupiendo sangre. No ha tenido tiempo.
-¿Y tu padre?
-Es conductor de rickshaw, señor. No tiene tiempo para ponerme un nombre.
-¿Y no tienes abuela, o tías..., o tíos?
-Tampoco tienen tiempo.
El maestro se volvió y escupió: un chorro de paan rojo fue a salpicar el suelo de la clase. Se relamió los labios.
-Bueno, entonces he de decidirlo yo, ¿no?- Se pasó la mano por el pelo y dijo-: Te llamaremos...Ram. No, espera..., ¿no hay otro Ram en esta clase? No quiero confusiones. Mejor Balram. Sabes quién era Balram, ¿no?
-No, señor.
-Era el compinche del dios Krishna. ¿Sabes cuál es mi nombre?
-No, señor.
-Krishna.
Cuando llegué aquel día a casa, le dije a mi padre que el maestro me había puesto un nombre nuevo. Él se encogió de hombros.
martes, 25 de marzo de 2014
El cuento de Pollyana
Pollyanna en sus mejores momentos
Uno de los mejores fragmentos que he leído últimamente. Que viva Elvira Lindo, "Una palabra tuya", y los sinceros.
"Me acuerdo de un libro que me trajeron los Reyes cuando tenía diez años. Se
llamaba Pollyana y era de una niña pobre y huérfana de madre que vive
con su padre; resulta que cuando llegan las Navidades la tal Pollyana tiene que
ir a por su regalo a la beneficencia, porque en su casa no hay dinero ni para
eso, y la niña se encuentra con que Papá Noel ( en este caso las señoras de la
beneficencia), por un error organizativo, le ha dejado unas muletas. La niña,
Pollyana, se va llorando a casa, natural, pero creo recordar que es su padre,
que en el cuento estaba retratado como un santo pero que para mí era un cínico
porque si no es que no me lo explico, quien viendo a la niña llorar tan
amargamente con las muletas en la mano le enseña a jugar al Juego de la
Alegría. El Juego de la Alegría consiste en buscar un motivo de alegría a
cualquier acontecimiento de tu vida, por mucho que te joda un acontecimiento.
El padre de la niña, San Cínico, le propone que jueguen al juego de la alegría
con las putas muletas y Pollyana de momento se queda sin habla, con los ojos a
cuadros, como se hubiera quedado cualquier criatura ante una propuesta tan ridícula,
pero luego de pronto a Pollyana, que hasta el momento parecía un ser
inteligente, se le enciende una luz espiritual en el cerebro ( es un libro de
ficción, evidentemente) y siente que hay razones para ser feliz porque, dentro
de las innumerables desgracias que le han ocurrido ( muerte de la madre, padre
enfermo, pobreza, embargo de la casa, etc.), piensa Pollyana, ya absolutamente
contagiada de la locura de San Cínico, ese beato, dentro de la tragedia que
marcó su vida desde el primer día en que sus ojos se abrieron al mundo, hay un
motivo de celebración: ha recibido unas muletas, de acuerdo, ¡pero no tiene que
usarlas, sus piernas están sanas!
Fíjate
que yo sólo tenía diez años cuando leí el libro y ya a esa edad anduve varios
días cabreada y deprimida. Si no llega a ser porque no quería ofender a mi
madre, lo hubiera tirado por la ventana. A mi madre le gustaba. Para ser
exactos, le gustaba la teórica: esa niña, la felicidad que provoca el saber
resignarse, la superación de contratiempos. Pero en la práctica, ya lo ves, en
la práctica mi madre no quería verme limpiando. Los beatos siempre andan en el
terreno de la especulación. Ah, la vida real es otra cosa. ¿ Qué hubiera
pasado si yo le hubiera dicho: madre, mira a tu hija, soy barrendera, soy
marmota municipal, así me gano la vida y así creo que me la voy a ganar hasta
que me jubile? Madre, ¿ahora qué me dices?, ¿no crees que este es el momento de
poner en práctica el juego de la alegría de Pollyana? Me puedo imaginar
perfectamente cuál hubiera sido su reacción, ay, hija mía, no seas cruel
conmigo, no me castigues, por qué me dices esas cosas. Conclusión: mi
madre no se hubiera conformado con las muletas, como no se conformó con
que yo no fuera más que tres meses a la universidad, igual que no quería que
sus vecinas me vieran en paro, igual que nunca quiso que me vieran con la
monstrua Milagros."
miércoles, 23 de enero de 2013
Hace tiempo que creo en la Reencarnación
![]() |
| De Manuel Méndez, que también fue irlandés. |
Hace tiempo que creo en la Reencarnación. No de siempre, vengo de un colegio que no era precisamente budista, pero el tiempo y la observación han hecho que cada día esté más convencida de que somos almas aprendiendo gracias a la oportunidad que nos da la vida de mudar de cuerpo.
Dicen que no nos acordamos de las vidas anteriores pero a mi me encanta dudarlo. Lo que no recordamos son las chorradas pero creo se puede llegar a disfrutar de la esencia de lo que fuimos y en consecuencia somos.
Yo fui irlandesa. Celta a muerte. Vivía en una aldea con mi marido barbudo, enorme, felices y queriéndonos muchísimo a pesar de lo rudimentarios espiritualmente que éramos y haciendo asados con la familia y amigos. Cuando fui mayor vestí con faldas largas y chaquetas gordas de lana de nuestras ovejas que tejía para abrigarme y para abrigar a los demás. Tuve dos hijos pelirrojos como yo. Mi marido gordote era más bien tirando a rubio.
-Vida plena. Muerte digna antes de cumplir los 40.
Luego fui esclavo en una plantación. Soltero y huérfano. Trabajaba con mi hermano para una familia que no estaba del todo mal para época. Nos poníamos finos de mazorcas y pollo empanado macerado el día anterior y naranjas. Estábamos bastante cachas mi hermano y yo. Y bailábamos. Un montón. A pesar de todo.
-Vida plena a la par que frustrada. Muerte prematura e injusta. 25 años.
Más adelante estuve metida en algún rollo de la Motown. No trabajaba allí. Estaba cerca, liada o posiblemente fuera hija de alguien metido en la música que me llevaba a cosas y grabaciones con cierta normalidad. En una de estas conocí a Los Jacksons. Y me morí de gusto al oír cantar y ver bailar al más pequeño que en esta nueva vida he sabido por fin cómo se llamaba.
-No recuerdo nada más.
Muchos de los que os conozco estáis en alguna de estas vidas o en otras o quizás en todas.
Cada cuál que piense dónde quiso estar.
sábado, 25 de agosto de 2012
El hombre del espacio
-Hoy te voy a contar un cuento diferente -le digo, pero primero me quedo inmóvil, escuchando para asegurarme de que Miss Leefolt no ha vuelto a casa porque se haya olvidado algo. No hay moros en la costa-. Hoy voy a contarte el cuento del hombre del espacio.
Le encantan las historias de extraterrestres. Su programa preferido de la tele es Mi marciano favorito. Saco las antenas que hice anoche con papel de aluminio y nos las ponemos. Una para ella, otra para mí. Parecemos un par de locas con esos chismes en la cabeza.
-Érase una vez un marciano sabio que bajó a la Tierra para enseñarnos algunas cosas -empiezo el cuento.
-¿Un marciano? ¿Cómo de grande?
-Oh, pues como de un metro noventa.
-¿Cómo se llama?
-Marciano Luther King.
Contiene la respiración sorprendida y apoya la cabeza en mi hombro. Siento su corazoncito de tres años latiendo contra mi pecho, aleteando como una mariposa sobre mi blanco uniforme.
-Era un marciano muy simpático, el señor King. Se parecía a nosotros: nariz, boca, pelo en la cabeza... Pero a veces la gente se reía de él y, bueno, había algunos que era muy malos con él.
Puedo crearme muchos problemas por contarle estas historias, sobre todo como se entere Mister Leefolt. Pero Mae Mobley sabe que son nuestros "cuentos secretos".
-¿Por qué, Aibi? ¿Por qué se portaban tan mal con él? -me pregunta.
-Porque era verde.
Aibileen. Capítulo 23. Criadas y Señoras. Kathryn Stockett.
viernes, 22 de junio de 2012
El olor de las caléndulas
Desde que llegó el MP3 mi vida ha ido demasiado deprisa. Qué coño. Desde que llegó el CD y la oportunidad de grabar variaditos. Pasar canción por canción, saltar de una a otra creando un ansia insustancial basado únicamente en el cuál será la siguiente canción. Sin más. A mi tanta prisa me ha jodido la vida un poco durante un tiempo.
El avance de cinta a CD está bien. No hace falta ser una retro moñas y añorar lo guay que era rebobinar las cintas con un boli Bic. Porque de guay no tenía nada. Y las cintas se enrollaban, y se daba la vuelta al celofán o lo que sea eso y era todo una mierda y el mundo tiene que evolucionar. Pero para mi gusto nos hemos pasado. No puedo más, me bajo de la noria.
Hace días me apunté a un curso de cerámica. De cerámica japonesa. Japonesa básicamente porque las clases las da una japonesa, porque la peña en realidad va a hacer con la arcilla lo que le sale de los huevos y estar en paz, que es de lo que se trata. Porque dudo que los botijos sean de origen nipón. Y la peña hace botijos y ceniceros y flamencas si se lo proponen. Pero estamos todos en paz. Porque es cerámica japonesa y los japoneses que están bien de la cabeza, transmiten tranquilidad y enseñan a vivir en paz. Porque son respetuosos. Y el respeto da mucha paz interior. Darlo y recibirlo.
Está guay.
Desde que voy, que han sido tres veces en tres semanas, estoy como la seda importada de Japón. Seis horas de mi vida que me han recordado que la vida tiene muchas horas que disfrutar, que vivir despacio y a gusto. Cortándote el pelo hablando de las patatas gallegas, comprando flores, fumándote un cigarro con el florista que se da cuenta de que te has cortado el pelo y escuchando al paki de abajo de casa cómo recordaba su jardín y el olor tan fuerte que tienen las caléndulas.
lunes, 21 de mayo de 2012
La Comunidad
Naces donde te toca y vives donde te mandan tus padres hasta que tienes un sueldo que te permite independizarte y elegir dónde quieres vivir. Trillas los buscadores de casas que conoces y empiezas a conocer otros nuevos, porque el mundo inmobiliario da para mucho sobretodo por las mierdas que la peña intenta alquilar que no te dejan de sorprender. Cliqueas, cliqueas, juegas a las casitas, preguntas por cosas que antes no conocías ni te interesaban ni sabías cómo se encendían y recuerdas con nostalgia lo cómodo y a gustito que se vive donde te mandaban tus padres. Pero lo afrontas con valor, con ilusión, porque vivir dónde quieres vivir tiene su magia.
Creo que recuerdo a todos mis vecinos que tuve desde que nací.
Los tres viejitos, María, Ana y yo diría que Andrés que me cogían en brazos y me daban besos en las mejillas cuando lloraba bromeando con lo saladas que estaban mis lágrimas.
La pareja sin hijos y con una madre/suegra que me daba terror. Por fea, la pobre era amable en la medida que podía pero me daba terror su aspecto.
La italiana y el español con los que jugaba a clavar en sus vigas de madera los pinchos que lanzábamos con una cerbatana que se habían traído de no se dónde además de intentar tocar el Didgeridoo mientras nos descojonábamos vivos sin conocernos de nada más que de ésto.
Los hobbits, que me arreglaban la luz cada vez que saltaba el diferencial como si fuera Blancanieves en esa casa de techos tan bajitos y que de vez en cuando oía que pillaban...
Lola, 60 años en La Barceloneta y un perfecto acento andaluz.
Y los desfasados, que de estos y de sus madres y muertos me acuerdo de vez en cuando, a cualquier hora del día, que no funcionan con un horario concreto.
Cada uno de ellos ha formado parte de mi vida, con mayor o menor intensidad, con más o menos pena o gloria. Cada uno de ellos ha elegido la casa gemela a la mía.
Hoy les dedico esta canción a los de arriba a todo trapo, que parece que les gusta mucho o que nos quieren hacer llegar este mensaje a toda la comunidad...
Creo que recuerdo a todos mis vecinos que tuve desde que nací.
Los tres viejitos, María, Ana y yo diría que Andrés que me cogían en brazos y me daban besos en las mejillas cuando lloraba bromeando con lo saladas que estaban mis lágrimas.
La pareja sin hijos y con una madre/suegra que me daba terror. Por fea, la pobre era amable en la medida que podía pero me daba terror su aspecto.
La italiana y el español con los que jugaba a clavar en sus vigas de madera los pinchos que lanzábamos con una cerbatana que se habían traído de no se dónde además de intentar tocar el Didgeridoo mientras nos descojonábamos vivos sin conocernos de nada más que de ésto.
Los hobbits, que me arreglaban la luz cada vez que saltaba el diferencial como si fuera Blancanieves en esa casa de techos tan bajitos y que de vez en cuando oía que pillaban...
Lola, 60 años en La Barceloneta y un perfecto acento andaluz.
Y los desfasados, que de estos y de sus madres y muertos me acuerdo de vez en cuando, a cualquier hora del día, que no funcionan con un horario concreto.
Cada uno de ellos ha formado parte de mi vida, con mayor o menor intensidad, con más o menos pena o gloria. Cada uno de ellos ha elegido la casa gemela a la mía.
Hoy les dedico esta canción a los de arriba a todo trapo, que parece que les gusta mucho o que nos quieren hacer llegar este mensaje a toda la comunidad...
lunes, 7 de mayo de 2012
Shumi-Shumis-Shooou-Shumi-Shou-Shumiyey-ye
Los hombres somos capaces de sacar fuerzas del ojete para conseguir lo que nos proponemos.
Sentimos tristeza, como otros muchos animales, pero tenemos la consciencia que hace que esa tristeza pueda llegar a ser bastante jodida a veces.
Como somos adaptables, inteligentes, fuertes y conscientes, superamos la tristeza.
Salimos de las cosas difíciles triunfantes.¡Claro que sí!
A cada uno le duele lo que le duele y le da pena lo que le da pena, pero todos pillamos en algún momento. Sobretodo pillamos los que no estamos hechos de piedra y somos un poco Teatreros y Conchavelasquianos, para qué lo vamos a negar. Aun más si echamos de menos a nuestros padres, hermanos y amigos.
Hasta llegar a volver a estar contentos, pasamos por distintos estadios. El lloro, la rabia, la pereza, la sonrisa, la risa y la ducha. Así conseguimos la alegría que en ocasiones viene con subidón. En esta ocasión, a mi el subidón del bajón que me ha dado volver de Estambul se me ha materializado en esta canción. A pesar del bajón que me da el shumishumishoooumishumishooushumiyey-ye de Pitbull.
lunes, 16 de abril de 2012
Lo importante que es bailar
No sé qué está pasando pero últimamente no paro de recibir malas y tristes noticias (menos esta tarde que una querida amiga me ha dado una preciosa y llena de amor). Las parejas se están rompiendo. Las personas se dejan de querer. Se cansan en vez de casarse. Y lo siento mucho. Me da mucha pena porque vamos a dejar un mundo, para los que vengan, lleno de viejos cascarrabias. No hay nada más chungo y desolador que los viejos cascarrabias insoportables. Con lo monas y agradables que son las abuelas y los abuelos que tienen el corazón contento. Mucho cuidar el medioambiente, mucho reciclar el cristal, pero si no hay amor en el mundo, ¿para qué les va a servir tanto verdor?
Ayer fuimos al cine. Fue un gusto porque hacía un huevo. Vimos Intocable. Me ayudó a recordar lo importante que es bailar. Bailar pone el corazón contento. El corazón contento bombea más amor y el amor hace que todos nos queramos más, que estemos más simpáticos, que tengamos mejor cara, que liguemos más. El amor trae más amor de la misma manera, por desgracia, que el dinero llama al dinero. Pero el amor llena mucho más que cualquier cosa material. Por mucho que nos empeñemos en agarrarnos a las cosas.
Hay una escena de la película que me encantaría enseñar pero que me parece una putada sacarla de contexto. Hay que verla en todo su esplendor. Y sentir que la vida son dos días, que tenemos todo funcionando para que esos dos días sean de fiesta. Dejémonos de quejarnos de que el fin de semana sólo es sábado y domingo y bailemos un poco más. Que pone el corazón contento y el corazón contento no trae más que alegrías.
Os dejo remix de bailes de películas. Películas que no tienen nada que ver una con la otra pero que mezcladas quedan genial. Como en las parejas de baile. Como muchas parejas que se están separando. Que bailar es difícil pero si entrenas, ahí estás dándolo todo.
lunes, 19 de marzo de 2012
Para los que quieren a sus padres
Este mediodía he recibido una llamada que me ha alegrado el alma y me ha llenado la sonrisa de luz. Hoy precisamente que tenía el día gris por ser lunes plus Día del Padre. Por mucho que se empeñen en que estas cosas son inventos de El Corte Inglés y blablabla, a una se le encoge el corazón de pena por no poder dar en mano una corbata a su añorado papá.
La llamada ha sido de mi Gema preciosa. Me ha preguntado si me podía contar una cosa a lo que le he contestado un "por supuesto, querida" preparándome para algún escarceo de su Málaga querida, pero vaya corte me he llevado.
Hoy Gema ha estado hablando con su padre. Le ha contado todas las cosas que le han ido pasando, que le preocupan, que le alegran la vida. Imagino que se habrá ahorrado detalles que todas ocultamos a nuestros padres, que no les gusta que llevemos la falda tan corta, sin caer en que en realidad, desde donde está él ahora, lo puede ver casi todo. Ilusa.
Ha pasado una hora y media sentada frente al mar, cerca de dónde dejaron sus cenizas hace ya algunos años, donde a él le hacía ilusión descansar. Y donde también le acompañaron en su despedida con unos claveles rojos y blancos, los que más le gustaron en la tierra. Cuando Gema ha dicho un "hasta Semana Santa", que volverá, y se ha metido el ipod en el bolsillo, la siguiente ola le ha dejado un clavel blanco a tres metros de sus pies.
Gracias, pequeña mia, por contarme esta historia tan bonita y tan llena de amor. Me has hecho muy feliz. Y gracias también por darme el permiso, con orgullo y encantada (como tu dices), de compartirla con quien quiera leernos.
Gracias, Emilio, por seguir cuidando a tu hija como siempre prometiste que harías.
Os quiero mucho a los dos.
martes, 21 de febrero de 2012
Por los estudiantes de Valencia y otras muchas historias más...
Los que me conocen bien de sobra saben el profundo y, hasta ahora, irracional odio que profeso a la policía. No puedo con ellos. Así, en general. Lo digo con bastante calma y tristeza. Me ponen negra desde que hace mucho tiempo, pero mucho, mi padre me aconsejó en una ocasión que no me fiara. Él posiblemente ni se acuerde, pero a mi se me quedó grabado y desde entonces, después de fijarme y confirmar que tenía razón, no he dejado de desconfiar en ellos, aunque a veces me equivoque. Y yo que, en mi inocencia, pensaba que eran los buenos...
Sé que, como en todo, hay buenos y malos. Vale. Pero me parece tan penoso que en una profesión como esta haya malos... Tantos malos. Malos de corazón. Cosa que, lógicamente, afecta mucho más si eres policía que si eres panadero.
Cuando estaba en la carrera andaba una tarde por El Retiro haciendo unas fotos para un trabajo. A mi lado se puso un coche patrulla y el policía que iba dentro (sin compañero) me dijo que me metiera en el coche. Sin más, metete en el coche. Por supuesto le dije que ni de coña. Me insistió y le volví a decir que ni de coña me iba a meter yo en el coche de nadie, hombre. Cambió el tono, me dijo que un tío me estaba siguiendo y que como no me subiera en el coche, a lo mejor me quedaba sin cámara y sin algo más... Me acojonó, acabé metiendome en el coche patrulla con él, por supuesto, y tuvimos una conversación de lo más reveladora. "Has hecho bien en no fiarte a la primera ni a la segunda. Porque no siempre son buenos los policías. Yo te acompaño, sacas tus fotos y te vuelvo a dejar en la entrada." Y realmente así fue. Me acompañó, saqué mis fotos y me devolvió a la entrada.
Hoy por hoy sigo pensando en este momento y no sé si realmente fue del todo sincero. No sé si quiso ayudarme o pasarse un rato con una tía prieta, que en esas épocas yo estaba muy prieta (jaja). No sé si quiso meterme miedo, sentir su poder, y llevarme a lo más profundo del parque. No sé si tuve la suerte de que mi ángel de la guarda hablara con el suyo y le convenciera de que sería mejor para todos dejarme vivir en paz.
Posiblemente todo esto se reduce a lo más sencillo: un buen hombre que me quiso ayudar. Así lo quiero recordar aunque no puedo evitar que me sigua mordiendo la duda.
A parte de esta anécdota, tengo otras muy jugosas de policías a punto de partirme la cara en las fiestas del 2 de Mayo en Malasaña, en manifestaciones en las que ni si quiera participaba en Barcelona y de llamadas al telefonillo obligándome a abrirles la puerta. Perdona, pero tu uniforme no te da paso a mi casa. Si quieres algo, ya bajo yo y me dices qué necesitas en el portal, por favor.
Siento muchísima pena por aquellos policías buenos que ahora están viviendo la vergüenza más supina de su profesión. Siento muchísima rabia por todos aquellos estudiantes que esta noche han dormido calientes y llenos de terror.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Lo de ET no es casualidad
Hace ya unos meses leí esta columna de Elvira Lindo cuando iba en un avión, no sé si hacia un lado o hacia otro, de ida o de venida que ya confundo dónde está mi hogar. Y me encantó. Me gustó mucho porque de alguna manera, quizás más sutil, me sentí muy identificada con ella.
Sé lo que es quedar con un amiga (o amigo) y verla con el Iphone o la Blackberry amorrada como si no hubiera mañana. Contenta como una loca al oír la campanilla y sonreír como una boba por ese mensaje que ha recibido. Mensaje que tú, efectivamente, te imaginas revelador, suculento y, como poco, picantón. Y que encima no te cuenta.
Cuando uno está fuera de la órbita tecnológica, llega un momento en el que piensas que si no te pones las pilas, te va a quedar atrás. Te proyectas al 2035, con tu cuerpo de señora, preguntándole a tus hijos cómo se enciende y se apaga la próxima máquina infernal que tendremos para calentar la leche y te entra el pánico. Te entra el pánico y te lo meten los demás, que te insisten que si no tienes Whatsapp, estás cavando tu propia tumba social...
Así que te lanzas a la piscina, te instalas todas las aplicaciones que te van a reanimar la vida y te das cuenta de que la vida, emoción arriba emoción abajo, sigue igual. Que esos mensajes secretos, reveladores y suculentos, no son nada picantones, si no más bien una "alerta" de que alguien a clicado un "me gusta", y posiblemente poco más. Pero molan. Molan bastante.
Reconozco que llevo dos días fundiéndome la batería de la BlackBerry (porque no me da la vida para un Iphone) en menos de una mañana. Dándole a todos los botoncitos, mandando mogollón de muñecos sonrientes, amorosos, cabreados, peces, montañas, soles y cacas. Reconozco que me encanta mandarme whatsapp con mi madre (me acaba de mandar una foto guay), con mi sobrino Guillermo y con todo el mundo. Reconozco que tiene su gracia y me llenan de ilusión. Pero tengo miedo de pensar cómo vamos a acabar. Vaticino un mundo lleno de gordos, como en Wall-E, con los pulgares como cuellos de jirafa. Que lo de ET no era casualidad.
martes, 31 de enero de 2012
El Templo de la Purificación del Pasado
Esta es otra de esas historias que, como la de La Dulce Muerte del Mon Cherí, tiene que ser contada. Por lo trágica-absurda que es y porque tiene un final feliz. Además, da mucho que pensar. Está contada también con mermelada y con muchísimo cariño.
"Tenía un novio con el que llevaba viviendo años. Un novio en el que confiaba plenamente, con el que compartía vida, muerte de seres queridos, cumpleaños y muebles. Hasta que un día, cuando me acompañó a las 5 de la mañana al aeropuerto, me dijo que tenía que pensar. Estuvo pensando una semana, de silencio eterno, hasta que el pensamiento se hizo palabra y me dejó. Me dejó sola en la ciudad a la que me acababa de mudar y en la que le esperaba, como habíamos planeado, para compartir juntos. Sin vida, sin amigos, sin seres queridos y sin muebles.
Pasado un tiempo (2 meses) me llamó diciéndome que no me iba a devolver el dinero de la fianza de nuestro piso porque había comprado en Venecia, por cierto, un anillo de compromiso a su nueva novia, con la que se casó once meses después coincidiendo con su aniversario. Fecha que caprichosamente fue un mes antes de dejarme a mi, si no me fallan mis cálculos.
Me quedé tan hecha polvo que lo siguiente que me tocaba después de mi pena era la muerte. Así que me recompuse, volví a nacer, me quité el vestido de viuda, y comienzo a ser feliz otra vez.
Me marcho a Japón por trabajo, ocio y amor, con mi nuevo novio cogido de la mano, y con toda la buena suerte de ser el mismo destino de los recién casados. Japón, con sus millones de habitantes y sus pocas probabilidades de encontrarse. Hasta que voy a coger un tren, que me lleva al último monasterio budista del culo del mundo y me encuentro a mi ex en el andén. Que con los nervios no se le ocurre otra cosa mejor que preguntarme que "si has visto a mi mujer", que debía andar por ahí comprándose unas Chips Ahoy o vete tú a saber qué. Y le pierdo de vista, no sé si por la multitud o por el mareo del shock.
Después de tres horas cruzando montañas, parajes, civilizaciones milenarias y millones de paradas en las que uno se puede apear, llegamos al templo budista. Una experiencia única, exclusiva, en la que dormíamos una noche y compartíamos boles de arroz con los monjes. El monje recepcionista me dice que no me encuentra en la lista de los que estábamos registrados, que éramos unos seis. Y entre los nervios y el fatal inglés que llega a esas latitudes, me enseña el folio con su nombre, el de mi ex, en primera linea.
Y me cago en todo. En todo mi destino. Y miro al cielo y pregunto por qué, POR QUÉ?? Hasta que llega la hora de la meditación y nos meten a los que estábamos allí, compartiendo experiencias extrasensoriales, a orar y cantar mantras durante 45 minutos. 45 minutos de mantras que tuvieron un preludio de grito ahogado de la mujer de mi ex (que les presenté yo) que soltó cuando me vio allí orando el Om Mani Padme Jum.
Cuando salíamos del templo a la mañana siguiente, comentando que poca más experiencia íbamos a sacar de allí, el monje me miró muy serio y me dijo. "Tu en realidad no tendrías que haber estado aquí". Lo que me dejó del todo loca pensando que la montaña le había susurrado mi destino, que ya sabes cómo son por ahí... Pero no, en realidad se refería a que nuestra reserva era para la siguiente noche. Por supuesto, antes de marcharnos, hicimos el Rito de la Purificación con fuego."
sábado, 28 de enero de 2012
Basta ya de comer cheetos
Me entristece muchísimo ver a chicas estupendas sufriendo, llorando, hechas polvo. Me entristece muchisímo. Y me da una rabia de cojones. He probado esas mieles y luego te das cuenta de que no merecen la pena en absoluto. Como me arrepiento. Que, además de no servir para nada más que para quedarte hecha una piltrafa, el tiempo pone las cosas en su sitio y la vida te regala lo que le habías pedido y te mereces. Así que, mejor esperar ese regalo con buena pinta, cara y el ojo maquillado, no en pijama, comiendo helado y cheetos. Digo yo...
Mando este grito de esperanza y ánimo para todas aquellas amigas y mujeres de bandera, que alguna vez han estado bien jodidas, lo están o lo estarán.
Hay dos caminos a elegir. Pido a Dios no lo quiera pero, si me toca, yo me iré por el segundo.
lunes, 23 de enero de 2012
La vendetta de la amapola
Cuando hablo de puteos hablo de cosas medianamente absurdas o que, con el tiempo, adquieren esa posición en el ranking de las vivencias, ¡gracias a dios! Hablo de situaciones que cuando se han pasado, se convierten en banalidades. De chorradas. De las que te han podido hacer daño pero que no te joden la vida. Las que te joden la vida se llaman desgracias.
Los puteos, puteos son. Y una de las cosas buenas que tienen es que al final uno recoge sus frutos. Y entre esos muchos frutos está...LA VENGANZAAA...
Venganza en término de puteo. Venganza que equipare la balanza. Venganza chorra. Venganza a la que los cobardes la llamamos Justicia Divina.
La venganza a veces se disfraza de esas semillas del pan de amapola que se le quedan en los dientes al que te ha puteado y saluda con su mejor sonrisa. De tropezones casuales, aparatosos y certeros que llevan al que te ha puteado a dar con todos los pasteles que ha comprado en el suelo. De la ceniza que se bebe, el muy pringado, de la lata de cerveza pensando que estaba vacía. O de, que sería divertidísimo además, que se le escape una ventosidad en medio una reunión, con sus powerpoint y todo.
La venganza no es casual y es tan sutil como para esconderse bajo un ala. Es también innofensiva. Y hace que el que te ha puteado, parezca un poquito gilipollas. Y que tú, en el silencio de tu corazón, disfrutes un poco.
Es fea y me avergüenza. Pero llega en el momento que menos te lo esperas, sin buscarla, sin llamarla y sin provocarla y te produce risa. Creo que se dice que la sirven en plato frío no porque comer un plato frío sea algo desagradable. Si no porque se queda fría al esperar para comerla.
miércoles, 18 de enero de 2012
Elena, Yago, Nacho
Cuando íbamos a la universidad y estábamos más desfasados que ahora, aprovechábamos cualquier celebración folklorica y popular para escaquearnos en seguida de clase, beber fino al mediodía y bailar. Bailábamos mucho. Mucho más que ahora, claro. Aunque seguimos bailando siempre que nos vemos y nos queremos.
A veces tu amiga ligaba y tu no. Y te quedabas mirando el panorama hasta que te cruzabas la mirada con el amigo del tío con el que había ligado tu amiga. Que tampoco había ligado y que estaba mirando el mismo panorama que tu. Cuando ya no daba más de sí el mirar el panorama, que ahora puedo recordar con desolación, (-¿cómo es que no nos perdíamos ni una Feria de Abril en Cats?)- pues hablábamos hasta que acabábamos bailando, tocando palmas e invitándonos a un arroz con bacalao.
Pues me suenas. Pues tu también. Pues me suenas. Pues no sé de qué. Te pareces a la hija de Felipe González. ¿Perdona? No, de eso no es. Pues me suenas. Pues no sé de qué.
Hasta que llega el verano y cambias de escenario, del blanco al moreno y de amigos. Y entras a medianoche en el bar de siempre. Sin celebración folklórica pero con ganas de lavarnos los pies sucios de arena con CocaCola, como hacen en El Rocío. Y como el Kiowa es enano, es fácil encontrarse y decir por fin: Jooooooooder, nos sonábamos de la playaaaaa...
Si Elena no hubiera ligado con el amigo de Yago, hermano de Nacho, Kike y yo hoy por hoy no seríamos novios. ¡Así que gracias!
domingo, 8 de enero de 2012
Father in law
Parece ser que suegro y suegra en inglés se dice father y mother in law. Y yo, que soy muy garrula y con un oído muy poco británico, siempre he pensado que suegro y suegra en inglés se decía father y mother in love. Cosa que me hacía mucha gracia porque, por mucho que nos queramos los unos a los otros, digamos que in love, lo que se dice in love, nadie lo está de sus suegros. Ni de sus yernos y nueras, claro. Sería todo un poco raro.
Cuando alguien comenta algo de su suegro-suegra-yerno-nuera, parece que el ambiente se cargue eléctricamente con una coletilla popular, como de cometa, que lleva intrínseco el tópico español y la historieta. Luego en realidad todo es mucho más normal, cariñoso y agradable pero, no lo vamos a negar, hay veces que estas relaciones dan las máximas. Que se escuchan historias de todo tipo. Incluso alguna de esas de pilladas haciendo de todo menos el amor.
Con todo esto de Urdangarín, que me tiene loca, me ha entrado la vergüenza total con el qué pensarán sus suegros de todo esto. Lo que piensen sus padres me da más igual, curiosamente. Pero lo que piensen sus suegros...uuuuf, qué palazo...ya sean los Reyes de España, del Mundo o los taquilleros del Metro. What a fuck.
Hace mucho tiempo, descubrí con estupor que llevaba tooooda la comida con el botón que no se debe desabrochar pero que siempre se desabrocha de la camisa desabrochado. Dejando a la luz un nuevo sujetador, azul marino con topitos blancos, y unas tetorras que me hacía la tecnología push up en toda la sopa que se estaba tomando mi suegro. Seguido de la correspondiente maniobra de volver a abrochar como si nadie se hubiera dado cuenta. Si, claro. Dios...¿por qué me haces esto?
Así que si enseñar los pechos a tu suegro es la experiencia más cercana a la muerte, no me quiero ni imaginar si me pillara chorando en el plan que ha estado chorando Urdangarín, muy paleta y gráficamente apodado el yerno perfecto. En ese plan o mangando unos bolis de Muji, vaya, me muero. Prefiero enseñarle las tetas, incluso hasta el culo.
martes, 3 de enero de 2012
Yo te apoyo, Remedios
La Navidad es el estado perfecto para estar con los queridos y para generar polémica. Como tememos más tiempo libre, lo consumimos sin pudor y bien a gusto alrededor de la mesa y las velas hablando de cosas trascendentes y de otras que nos importan un bledo. De las segundas es de las que se generan polémicas. Y la de rato que se puede estar dándole vueltas. Me encanta.
Después de lo de Urdangarín, que es tan fuerte que no se puede considerar polémica banal, la Polémica Estrella de Navidad ha sido la generada por Remedios Cervantes en Atrapa un Millón y su arrebato de azúcar. Al menos para mi.
Para los que han oído hablar del tema pero no lo han visto con sus propios ojos, en plan lo de Concha Velasco, Riqui Martin, el perro y el bote de Nutella, ahí va el video.
No tiene desperdicio. Es un poco largo pero merece verlo hasta el final para sacarle más chicha.
Qué acumulación de absurdez junta. Se entiende. Uno está nervioso y no sabe si elegir si Historia o Alimentación. Mientras se lo piensan, el concursante va de sobradito y parlotea contando anécdotas en plan guay. Se deciden por fin: Alimentación. Y como era de esperar les toca una pregunta que ni puta idea. 50%. Sal o Azúcar. El final ya lo sabemos todos...
Es muy fuerte. Realmente, si, es muy fuerte. A Remedios debieron darle un Redbull en el backstage o algo porque muy normal no es pero, joder, pobrecilla. Se le fue la olla y nos podría haber pasado a cualquiera, que la tele impone. La mujer tuvo una corazonada, quiso ayudar al chaval y quizás hacerse la listilla. Le dio el arrebato de valentía y, pues mira, si, la cagó.
Pero, vamos a ver, que tampoco es para tanto, eh? Que tal es el bochorno que pasa la pobre que hasta ella misma reconoce que le están entrando "los calores de la muerte". Y el pedorro del niñato este del concursante, que antes se hacía el chulillo parloteando, no la vuelve a mirar a la cara. Atentos al minuto 5.55...vamos, es que hay que tener valor y ser chungo para tratar así a nadie. "Te lo dije, Remedios." Qué gilipollas!
Tío, a ver si creces un poco y empiezas a saber jugar lo primero y después a saber perder. Apostabas por 5.000€ que, para un concurso, es un poco mierdi. Posiblemente menos dinero por el que podías haber apostado pero ya lo perdiste antes. ¿Y por 5.000€ has retirado la mirada a una persona?, ¿A Remedios Cervantes, aunque siempre haya sido un poco chorra?, de qué vas!! Que, si, que ha metido la pata pero que te está pidiendo mil perdones...
Me da una cosaaaaa...pobre Remedios...
Al chico le han vuelto a invitar al programa. A Remedios ahora le hacen chistes...
"Urdangarín iba a dar el dinero a los discapacitados pero, en el último segundo, Remedios Cervantes lo puso en su palacete."
martes, 20 de diciembre de 2011
La muerte dulce del Mon Cheri
No todos los días te cuentan grandes historias. Historias trágicas en si pero que al ser tan absurdas, y gracias a un final feliz, se convierten en cómicas y superbuenas. Hay historias trágicas-cómicas que uno se las guarda en la nevera, dónde los quesos, que es donde se guarda la intimidad. Pero a veces hay quesos tan buenos que tienes que ofrecerlos a tus invitados. Hay sabores que uno tiene que compartir si o si. A veces, a los quesos hay que ponerles un poco de mermelada y pan para que no sepan tanto y seguir guardando, eso, la intimidad.
Esta es una historia real mezclada con mermelada y pan.
"...y nos encontramos a mi madre en la cama, prácticamente inconsciente, no la podíamos despertar. Nos asustamos y llamamos a una ambulancia, mientras llorábamos por la angustia de tener 20 años y no saber mucho cómo reaccionar. Los camilleros intentaron despertar a mi madre, que seguía en un sueño profundo. Consciente, pero durmiendo como si no hubiera mañana y roncando, de paso, vilmente. Y como no podían levantarla, la tuvieron que atar a una silla del comedor con unas correas y bajarla en ascensor a la ambulancia. Se había puesto de Mon Cheri la tía hasta las trancas. Prácticamente una caja, que vimos en la mesilla todos los papelitos. Vale que los Mon Cheri no es que tengan muchísimo alcohol, pero si te comes prácticamente una caja, es como media botella de licor. Y mezclada con sus medicamentos, una bomba de relojería.
Luego ya mi madre se despertó super desubicada en un Box del hospital...
Lo peor de todo fue decirle al médico que no, que mi madre para nada se había intentado suicidar y contarles a mis amigos por qué esa noche no podía salir. Me acuerdo perfectamente porque era Nochebuena..."
martes, 13 de diciembre de 2011
No quiero ser vecina de Christopher Walken
Realmente tampoco es que haya visto muchas películas suyas, pero cada vez que le veo en una revista o en alguna cosa por el mundo, me viene a la cabeza el silencio incómodo que habría en la atmósfera si estuviéramos en la misma habitación. Me impone. Me impresiona. Genera en mi tal respeto que me lleva a la desconfianza. Incluso en el video que sale bailando de Fatboy Slim.
Lo peor de todo es que en el fondo me encanta, pero de lejos. Ojalá nunca seamos vecinos. Pero me gusta y me parece de olé cada vez que le veo. Quizás es porque es impecable, educado y sincero: "Sé que usted sabe dónde están. Así que, digamelo antes de que le haga sufrir, porque de morir no se libra."
sábado, 10 de diciembre de 2011
Joan Baez se quitaba el bigote
A lo largo de la historia de la humanidad, el bigote ha se ha entendido como un indicativo de clase, sabiduría, autoridad o poder según el momento y la sociedad donde se ubique. Pero en hombres, chatas. Que sobretodo es símbolo de hombría y masculinidad.
Últimamente no paro de ver bigotes donde no corresponden. A no ser que estemos entrando en una nueva Era en la que las mujeres vamos a demostrar alguna novedad, ¿qué sentido tiene alisarse el pelo con la plancha o ponerse los hits de Zara cuando se lleva un mostacho a modo Cantinflas? Incongruencia total. La arruga es bella, pero llevar bigote es fuerte. Nosotras, la clase, la sabiduría y la autoridad ya la demostramos con otras muchas cosas. Con una mirada nos sobra y nos basta. Dejemos de comer terreno a los chicos.
Veo bigotes allá donde voy. Pero bigotes, bigotazos, no hablo de cuatro pelitos, vaya. Hablo de bigotes que ni el de Tom Selleck en labios cubiertos de gloss. Vamos a ver: si te pones gloss, te miras en el espejo. Si te miras en el espejo, tú mejor que nadie ves ese peazo de bigote. ¿O es que se puede caer en el pensar que los demás estamos ciegos o baaah, nadie se va a fijar? La gente se fija en todo pero, de todas formas, tampoco hay que fijarse mucho para ver según qué peazo de bigote. Y la solución no está en darle unas mechas californianas, por favor, que esas se llevan en la cabeza.
Bigotes, bigotes, bigotes... Madre mia, ¡¿en qué se está convirtiendo el mundo?! Mucho peeptoe y mucha leche pero con bigote. ¿Es una estola de visón ahora que llega el frío o es que hay una nueva tendencia muy moderna a lo Errol Flynn?
Veo bigotes allá donde voy. Veo bigotes y no lo entiendo. Ni aunque seas más hippie que Joan Baez. Que ella, si lo tenía, se ocupaba de quitarlo.
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| La guapa Joan sin su bigote y Errol con el suyo |
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